Nunca tengo suficiente tiempo para todo lo que debo
hacer, las mañanas como que se extienden y los días nunca rinden. No soy ningún
hombre promedio, de hecho soy uno de esos hombres que no se ubica y que no
comprende por qué su vida es su vida y no otra un poco más feliz… y luego Rocky
ladra, le repito que se calme, que la vida es linda, que no hay que pelearle a
todo, le doy la espalda y volteo los ojos. Me ladra de vuelta, me emputo y le
sonrío.
Rocky es uno de esos perros que acompañan, que
hacen caso, que persiguen su cola como si ese fuera su único propósito en la
vida, que comen con calma, que no halan en los paseos. Rocky es uno de esos
perros que si pudiera sonreír lo haría y si pudiera hablar, me reprocharía la
mala actitud constante.
Salgo a trabajar en la mañana, demasiado temprano,
cuando la calle todavía está muy vacía. Un hombre se me acerca, me pregunta la
hora, se la digo rápido esperando a que se aleje, pero no, se queda. Me
conversa sobre su vida, le digo que lo que me cuenta es muy interesante y pues…
no, no me interesa.
Salgo en la noche del madito trabajo, me despido
del portero, le dejo un dulce que me dieron al almuerzo. Odio las bananitas de
piña. El man me sonríe y me abre la puerta rapidito. En medio del viaje en el
maldito transporte público mi tía me llama, pregunta si ya me ascendieron, le
digo que no, que yo sigo feliz en mi trabajo aunque lo odie y en verdad quiera
renunciar mientras me sacudo al ritmo de las calles de esta ciudad, chocando
con personas muy desagradables. Saco de paseo a Rocky y dos tipos me ordenan
que les entregue todo, me quedo pensando en lo que van a hacer esos malditos
con mis cosas, lo dudo un momento, pienso en huir o en pegarles, pero no, se
las entrego, les deseo una buena noche y en la cabeza los despedazo, a cada
uno, uno por uno.
Que ira querer ocultarlo todo, que rabia no poder
quejarme de todo, que envidia de Rocky que ladra cuando le da la gana, come
cuando le da la gana, se emputa cuando le da la gana. Y yo aquí, escuchando que
la vecina dice "Tan querido el vecino, como saluda de contento, como que
da ganas de tener un buen día de verdad." Nunca tengo suficiente tiempo para todo lo que debo
hacer, las mañanas como que se extienden y los días nunca rinden. No soy ningún
hombre promedio, de hecho soy uno de esos hombres que no se ubica y que no
comprende por qué su vida es su vida y no otra un poco más feliz… y luego Rocky
ladra, le repito que se calme, que la vida es linda, que no hay que pelearle a
todo, de doy la espalda y volteo los ojos. Me ladra de vuelta, me emputo y le
sonrío.
Rocky es uno de esos perros que acompañan, que
hacen caso, que persiguen su cola como si ese fuera su único propósito en la
vida, que comen con calma, que no halan en los paseos. Rocky es uno de esos
perros que si pudiera sonreír lo haría y si pudiera hablar, me reprocharía la
mala actitud constante.
Salgo a trabajar en la mañana, demasiado temprano,
cuando la calle todavía está muy vacía. Un hombre se me acerca, me pregunta la
hora, se la digo rápido esperando a que se aleje, pero no, se queda. Me
conversa sobre su vida, le digo que lo que me cuenta es muy interesante y pues…
no, no me interesa.
Salgo en la noche del madito trabajo, me despido
del portero, le dejo un dulce que me dieron al almuerzo. Odio las bananitas de
piña. El man me sonríe y me abre la puerta rapidito. En medio del viaje en el
maldito transporte público mi tía me llama, pregunta si ya me ascendieron, le
digo que no, que yo sigo feliz en mi trabajo aunque lo odie y en verdad quiera
renunciar mientras me sacudo al ritmo de las calles de esta ciudad, chocando
con personas muy desagradables. Saco de paseo a Rocky y dos tipos me ordenan
que les entregue todo, me quedo pensando en lo que van a hacer esos malditos
con mis cosas, lo dudo un momento, pienso en huir o en pegarles, pero no, se
las entrego, les deseo una buena noche y en la cabeza los despedazo, a cada
uno, uno por uno.
Que ira querer ocultarlo todo, que rabia no poder
quejarme de todo, que envidia de Rocky que ladra cuando le da la gana, come
cuando le da la gana, se emputa cuando le da la gana. Y yo aquí, escuchando que
la vecina dice "Tan querido el vecino, como saluda de contento, como que
da ganas de tener un buen día de verdad."
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