miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cosmovisiones. Damián

Nunca tengo suficiente tiempo para todo lo que debo hacer, las mañanas como que se extienden y los días nunca rinden. No soy ningún hombre promedio, de hecho soy uno de esos hombres que no se ubica y que no comprende por qué su vida es su vida y no otra un poco más feliz… y luego Rocky ladra, le repito que se calme, que la vida es linda, que no hay que pelearle a todo, le doy la espalda y volteo los ojos. Me ladra de vuelta, me emputo y le sonrío.

Rocky es uno de esos perros que acompañan, que hacen caso, que persiguen su cola como si ese fuera su único propósito en la vida, que comen con calma, que no halan en los paseos. Rocky es uno de esos perros que si pudiera sonreír lo haría y si pudiera hablar, me reprocharía la mala actitud constante.

Salgo a trabajar en la mañana, demasiado temprano, cuando la calle todavía está muy vacía. Un hombre se me acerca, me pregunta la hora, se la digo rápido esperando a que se aleje, pero no, se queda. Me conversa sobre su vida, le digo que lo que me cuenta es muy interesante y pues… no, no me interesa.
Salgo en la noche del madito trabajo, me despido del portero, le dejo un dulce que me dieron al almuerzo. Odio las bananitas de piña. El man me sonríe y me abre la puerta rapidito. En medio del viaje en el maldito transporte público mi tía me llama, pregunta si ya me ascendieron, le digo que no, que yo sigo feliz en mi trabajo aunque lo odie y en verdad quiera renunciar mientras me sacudo al ritmo de las calles de esta ciudad, chocando con personas muy desagradables. Saco de paseo a Rocky y dos tipos me ordenan que les entregue todo, me quedo pensando en lo que van a hacer esos malditos con mis cosas, lo dudo un momento, pienso en huir o en pegarles, pero no, se las entrego, les deseo una buena noche y en la cabeza los despedazo, a cada uno, uno por uno.

Que ira querer ocultarlo todo, que rabia no poder quejarme de todo, que envidia de Rocky que ladra cuando le da la gana, come cuando le da la gana, se emputa cuando le da la gana. Y yo aquí, escuchando que la vecina dice "Tan querido el vecino, como saluda de contento, como que da ganas de tener un buen día de verdad."Nunca tengo suficiente tiempo para todo lo que debo hacer, las mañanas como que se extienden y los días nunca rinden. No soy ningún hombre promedio, de hecho soy uno de esos hombres que no se ubica y que no comprende por qué su vida es su vida y no otra un poco más feliz… y luego Rocky ladra, le repito que se calme, que la vida es linda, que no hay que pelearle a todo, de doy la espalda y volteo los ojos. Me ladra de vuelta, me emputo y le sonrío.
Rocky es uno de esos perros que acompañan, que hacen caso, que persiguen su cola como si ese fuera su único propósito en la vida, que comen con calma, que no halan en los paseos. Rocky es uno de esos perros que si pudiera sonreír lo haría y si pudiera hablar, me reprocharía la mala actitud constante.

Salgo a trabajar en la mañana, demasiado temprano, cuando la calle todavía está muy vacía. Un hombre se me acerca, me pregunta la hora, se la digo rápido esperando a que se aleje, pero no, se queda. Me conversa sobre su vida, le digo que lo que me cuenta es muy interesante y pues… no, no me interesa.
Salgo en la noche del madito trabajo, me despido del portero, le dejo un dulce que me dieron al almuerzo. Odio las bananitas de piña. El man me sonríe y me abre la puerta rapidito. En medio del viaje en el maldito transporte público mi tía me llama, pregunta si ya me ascendieron, le digo que no, que yo sigo feliz en mi trabajo aunque lo odie y en verdad quiera renunciar mientras me sacudo al ritmo de las calles de esta ciudad, chocando con personas muy desagradables. Saco de paseo a Rocky y dos tipos me ordenan que les entregue todo, me quedo pensando en lo que van a hacer esos malditos con mis cosas, lo dudo un momento, pienso en huir o en pegarles, pero no, se las entrego, les deseo una buena noche y en la cabeza los despedazo, a cada uno, uno por uno.
Que ira querer ocultarlo todo, que rabia no poder quejarme de todo, que envidia de Rocky que ladra cuando le da la gana, come cuando le da la gana, se emputa cuando le da la gana. Y yo aquí, escuchando que la vecina dice "Tan querido el vecino, como saluda de contento, como que da ganas de tener un buen día de verdad."